Ética de los abogados

Etica de los abogados

Ética de los abogados

Pedro Angulo Arana

Decano del Colegio de Abogados de Lima

Si acaso un abogado traicionara los sagrados y elevados fines a los que apunta el ejercicio de su profesión, es evidente que se convierte en un delincuente y su conducta y desempeño no podría decirse que corresponde a los de un abogado. Lo dicho es así, en razón de que el abogado, más que cualquier otro profesional, conoce la diferencia entre lo lícito y lo ilícito, lo permisible dentro de lo no específicamente normado y lo prohibido.

Tal conocimiento empieza en la universidad, cuando se aprende a diferenciar entre lo bueno y lo malo, lo lógico y lo ilógico, apreciándose también que el Derecho mismo es alimentado por el sentido común y que un componente fuerte del mismo son los valores. Se aprende que la buena fe se presume y se estudia el dolo natural para diferenciarlo del dolus malus.

Se aprecia lo que es la temeridad y la malicia, como formas prohibidas de accionar.Para cubrir los vacíos de lo que externamente no se conoce, se aprende sobre las presunciones e indicios; y, además, se estudian los animus, siendo así que desfilan: el animus nocendi (ánimo de perjudicar), el animus delinquendi (ánimo de delinquir) o el animus lucrandi (ánimo de enriquecerse).

Por ello es que, entre los abogados, debe aparecer en el ejercicio profesional una sindéresis, en cuanto fruto del entendimiento que importa el saber dirigirse a pensar y juzgar con rectitud. Algo que, evidentemente, de modo más elevado debe encontrarse en los jueces.

Hoy en día se puede apreciar que más o menos en todas las profesiones existen o aparecen quienes se apartan de sus fines, principios o mandatos para simplemente dirigirse de cualquier modo al enriquecimiento, sin que les pongan freno los valores éticos profesionales. Por lo dicho, entre los abogados, resulta sumamente relevante tratar de nuevo el tema de la ética dentro del ejercicio profesional.

Fuente